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Percepciones de identidad y cultura

Nega Lucas y Flor Inza con Yurgaki, en el festival Wankabeats en Guayaquil, Ecuador en Agosto de 2019, foto por Alberto Portaluppi

En el blog anterior compartí mi vivencia como músico latinoamericano en Barcelona para hablar sobre pluriculturalidad. 

En esta ocasión, tras lecturas, charlas, consejos, viajes y reflexiones, quiero ampliar la perspectiva alrededor del tema de la cultura. Recoger algunas definiciones, hilar algunos recuerdos, dibujar un poco de contexto en torno al tema que me interesa desde hace un tiempo. 

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¿Con los músicos brasileños?

He aprendido de su forma natural de lidiar con las dificultades. De la importancia de creer en el propio talento… tener una relación amigable con su propio ego. También de su capacidad de mezclar tendencias y estilos sin complejos, lo que les permite reinventarse muchas veces. 

De la música gitana, su cuidado, su buen gusto, su apertura a todas las influencias, su fuerza contenida. 

De la música peruana su mestizaje, su fuerte identidad a la vez de la costa y de los andes; de negro, indio y blanco; de ese equilibrio entre sus elementos y de su picardía sin vergüenza. 

Con el pueblo Uruguayo, he descubierto que el tambor y la clave no son exclusivos del Caribe. Que allí también mueven las mujeres las caderas con fuerza y circularidad. 

De la música clásica europea, su estrategia de permanencia en el tiempo, su desarrollo y su idea de universalidad. Su necesidad de revivir, de renovarse, de salir  del conservatorio, del museo, del anticuario. 

De la música del pueblo Yoruba, la complejidad de su sencillez y su influencia rítmica casi oculta en un sinnúmero de expresiones musicales de todo el mundo.

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A finales del siglo XIX Edward B. Tylor definió la cultura como el todo complejo de conocimiento, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y otros hábitos y capacidades adquiridos por el ser humano como miembro social (Tylor, 1929 en: Bernavé, 2012).

El siglo XX trajo consigo la comprensión de la cultura como una trama que ayudaba a interpretar la realidad y orientar las acciones vitales y como una serie de mecanismos de control que gobernaban y determinaban la conducta del ser humano que vivía en ella (Geertz, 1990 en: Bernavé, 2012). 


La cultura puede ser definida como el conjunto de modelos mentales compartidos por una población, que emergen de procesos evolutivos de aprendizaje y elección social orientados a la resolución de problemas recurrentes de interacción social, que toman la forma de (1) creencias y actitudes sociales, (2) instituciones informales (convenciones, valores morales y normas sociales), y (3) instituciones formales (constituciones, códigos legales y formas contractuales), y cuyos vehículos simbólicos de transmisión e innovación se cristalizan en lenguajes, tradiciones, rituales, festividades, legados patrimoniales, memorias colectivas y expresiones artísticas.” (Abitbol, 2013: 43-64).

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Tuve la oportunidad, junto al grupo Yurgaki, de ir de gira por el Ecuador. Experiencia enriquecedora en todo sentido.  

Terminamos esa gira un mes antes que empezara el paro nacional en Ecuador, acontecimiento que en lo personal me sorprendió por su inmediatez y me consternó por la violencia desmedida de las fuerzas estatales. Parece que por estos días se ha convertido en tendencia: Bogotá, Barcelona, Hong Kong, Santiago de Chile, La Paz, Puerto Príncipe… la población expresa su hartazgo ante gobiernos que carecen de autoridad moral; sólo saben defender su poder a palos, a gases lacrimógenos y a bala, aprovechando las circunstancias para desviar el foco de atención hacia el caos mientras ocultan con torpeza su propia incapacidad. La gente pide a gritos ser tenida en cuenta. 

Jorge Velosa, músico popular y fundamental impulsor del género ‘carranguero’, cuenta que de niño, al llegar a Bogotá desde una zona rural en Boyacá -en medio de la cordillera colombiana- recibía continuas burlas en el colegio por su acento y su procedencia. Lo mencionaba en una entrevista realizada por Deysa Rayo en 2016, donde también recordaba que antes de su llegada a Bogotá, en su tierra natal e influido por su entorno cultural, había desarrollado buena memoria para recitar versos y coplas. Como mecanismo de defensa, como él mismo lo relata, y aprovechando que un profesor lo designó para hablar en un círculo literario, se lanzó con sus recitaciones. Sus versos fueron acogidos positivamente por el profesor y los estudiantes, y se encontró siendo el representante de su curso en las izadas de bandera. Se dió cuenta que su capacidad de versear le ayudaría a defenderse y a ganarse el respeto de quienes se lo negaban. Después de contar esta anécdota, remata la entrevista diciendo: “La cultura es lo que dignifica a las personas”. 

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“La dinámica cultural procede no de desarrollos endógenos sino de la permanente interacción entre las culturas.  Sin embargo, toda cultura, además de por el deseo de apertura hacia las demás, se ve incitada por la tentación de cerrarse sobre sí misma. Ninguna cultura puede afirmar su particularidad sin desear marcar su diferencia, como irreductible, respecto a las culturas con las que está en relación. Sucede como si las culturas se dedicasen a distinguirse unas de otras.” (Bonte e Izard, 1996:203) 

Cada pueblo (e individuo) maneja sus propios códigos culturales. La necesidad de auto-afirmación en algunos casos llega a utilizar al otro para poder definir su propia identidad en contraposición, para ganar seguridad y confianza a través del menosprecio, actitud que se ve normalizada y aceptada dependiendo del contexto. Lo que estamos dispuestos a ceder como cultura depende de cuan importante sea para nosotros crear una relación de cooperación con una cultura diferente, y allí es fundamental la voluntad y el deseo de apertura. 

“El reconocimiento del otro es un acto de respeto y confianza que al igual que la identidad y otros valores, se trata de una construcción, reforzada en la perspectiva de colaboración a futuro y de propósito común.” (Axelrod, 1984) 

La multiculturalidad, pluriculturalidad e interculturalidad expresan conceptos y circunstancias de convivencia diferentes. En muchos casos, estas interacciones se dan dentro de contextos desiguales y de sometimiento. 

“A diferencia de la multiculturalidad, que se refiere al hecho de convivir diversas culturas en un mismo territorio sin estar estas integradas en la nación, la pluriculturalidad sugiere una pluralidad histórica y actual, en la cual varias culturas conviven en un espacio territorial y juntas, hacen una totalidad nacional.” (Walsh 2005)  

“La interculturalidad es distinta, en cuanto se refiere a relaciones, negociaciones e intercambios más complejos. Estos buscan desarrollar una interacción digna entre personas, conocimientos y prácticas culturalmente diferentes. Esta interacción reconoce las asimetrías sociales, económicas, políticas y es consciente de las circunstancias que limitan la posibilidad del otro, para que pueda ser considerado como sujeto con identidad, diferenciando y agenciando su capacidad de actuar.” (Walsh 2005).  

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Pensando en las diferencias culturales desde una dinámica de respeto mutuo y de dignidad de los diferentes pueblos, me pregunto cómo podemos hacer para abrir la frontera tras la cual solo construimos, planeamos, soñamos y confiamos en y para “los nuestros”, pese a que nuestra cultura necesita de las otras para su propio dinamismo. 

Nuestra especie lleva milenios imponiendo el temor como forma de dominación. La cultura del miedo se siente por ejemplo, en las grandes ciudades latinoamericanas, donde una persona que camina a menos de un metro de distancia puede representar un peligro a la integridad personal, sin necesidad de serlo realmente. Nuestra actual organización social se centra en la coacción de los individuos para que respeten normas de convivencia a través de las multas, la amenaza y los castigos.
Marshall Rosenberg, en un taller sobre Comunicación No Violenta, cita al teólogo norteamericano Walter Wink y su libro “Powers that be”, donde afirma que “en las culturas de dominación, una de las cosas en las que hay que educar a la gente es en hacer la violencia disfrutable”. En nuestra cultura hemos hecho un buen trabajo, añade Rosenberg, diciendo que “en la televisión, de 7:00 a 9:00 pm cuando todos los niños están mirando, en el 75% de las series, un héroe mata o da una paliza a alguien en el clímax del programa”. En esta misma charla habla sobre las formas de educación de castigo y recompensa y cómo nos relacionamos compitiendo por tener o no la razón. 

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Las expresiones artísticas, como vehículo simbólico nos permiten conectar con la vida a un nivel más profundo de sensaciones en medio del conflicto entre la conciencia o inconciencia de existir. Reconocernos protagonistas o vernos identificados en un relato colectivo nos dignifica, nos permite disfrutar, aunque sea por un instante, del encuentro con los otros. Nos da un lugar, un punto desde el cual ver y escuchar nuestros sentimientos, actuar, decidir, ser, usar nuestro pensamiento.  

Mi relación con pueblos y culturas distintas me ha enriquecido y confrontado siempre en lo personal. Desde la diversidad misma existente en las regiones de Colombia o en América Latina y la influencia externa a través de los medios de comunicación pasando por la posibilidad de viajar y acceder a lo desconocido. 

Las novelas argentinas me han enseñado a disfrutar de la literatura.

La música cubana a comprender el ritmo y la importancia de su precisión. 

El baile y la música del Caribe de Colombia a disfrutar del cuerpo, a perder el miedo de ser, a entender la relatividad del tiempo alrededor de los tambores. 

La música del Pacífico de Colombia me ha mostrado la pulsión  de una raza que se ha fortalecido a través de sus expresiones artísticas, ganando dignidad,  seduciendo con sus ritmos profundos a quienes se negaban a reconocerla. 

La música campesina del interior de Colombia, la de los llanos orientales, y  su relación con la música mexicana, me muestran el poder de la coherencia existente en su poesía y me hacen sentir parte de una familia más grande. 

En el cine norteamericano, mexicano, español y europeo, he visto la importancia de la simbología, el poder de la imagen en la creación de íconos, de idiosincrasias, de identidades nacionales, el poder de la propaganda y cómo esta puede ser usada para manipular, para denunciar o simplemente, un espejo donde mirarnos.

Teólogos norteamericanos e ingleses me han ofrecido visiones sobre la espiritualidad que se contraponen con argumentos a mi ateísmo de cuna y no sólo a través de la aceptación de un dogma. 

Los filósofos espirituales de oriente que hablan de los hechos, de la verdad, me aterrizan sobre lo efímero de la vida; me ayudan percibir el sinsentido y me sugieren que lo acepte sin ansiedad y sin angustia. 

Psicólogos y biólogos de diversas culturas como judíos, latinoamericanos, europeos o norteamericanos, aportan puntos de vista diferentes sobre cómo funcionamos, sobre nuestra naturaleza. Entre ellos difieren, discuten, argumentan, me ayudan a pensar, tomar posición o cambiarla según mi comprensión o confusión crecen, apelando a veces al sentido del humor para ahuyentar impulsos suicidas o demasiado radicales. 

A lado de los catalanes he fortalecido mi carácter, he crecido como persona, he aprendido a reconstruirme, a valerme por mí mismo dentro de esquemas de valores diferentes a los que antes conocía.  

He ido creando mi propia historia de vida en medio de la cultura mediterránea que tanta huella dejó en América Latina, con su oportunismo, su facilidad para disfrutar la vida y evitar el esfuerzo, pecando y rezando a conveniencia para liberarse de toda culpa, y aunque a veces se muestran indolentes frente a realidades que se escapan de su horizonte, siento que en el fondo es un pueblo sin complejos, con una perspectiva amplia del mundo, y a su manera, generoso. 

El pueblo ecuatoriano me ha mostrado la importancia de lo colectivo, de trabajar en conjunto, de tener en cuenta a los demás, de la fuerza de un pueblo unido defendiendo su dignidad, y al igual que con el pueblo mexicano, me hacen sentir parte de una familia más grande que traspasa las fronteras existentes. 

En este camino hacia la construcción de identidad se pasa por muchas etapas, aciertos y fracasos. Ahora tengo una ruta, una ocupación permanente en la que aún queda mucho por recorrer.

No estamos solos, no somos un único individuo, ni el único pueblo. Por suerte.  

Referencias Bibliográficas:

  • Abitbol, Pablo. Democracia, cultura y desarrollo. Economía & Región, Vol 7, No 2, Cartagena, diciembre 2013, pp. 43-6).  
  • Bonte, Piere  e Izard, Michele. Diccionario Akal de Etnología y Antropología. Ediciones Akal, S.A, 1996, p.203. 
  • Axelrod, Robert. The evolution of cooperation, Basic Books 1984.  
  • Walsh Katherine: “Qué es la interculturalidad y cuál es su significado e importancia en el proceso educativo?”. En: La Interculturalidad en la educación. Lima, Ministerio de Educación, Dirección Nacional de Educación Bilingüe Intercultural, 2005. Pp. 4-7
  • Tylor, E. B. (1929). Primitive Culture. Londres: John Murray. En: Bernavé María del Mar, “Pluriculturalidad, multiculturalidad e interculturalidad, conocimientos necesarios para la labor docente”. Universidad de Valencia en  Revista Educativa Hekademos, 11, Año V, Junio 2012.
  • Geertz, C. (1990). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa. En: Bernavé María del Mar, “Pluriculturalidad, multiculturalidad e interculturalidad, conocimientos necesarios para la labor docente”. Universidad de Valencia en  Revista Educativa Hekademos, 11, Año V, Junio 2012.

Otros enlaces de interés: 

Asesoría en edición: Daniel Jaramillo Lopez

Web: Joaquín Garavaglia


Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Excelente reflexión que aporta claridad para comprender el concepto de cultura e identidad y el valor q representa en la construcción de ciudades y ciudadanías, las expresiones de las culturas como las artes.

  2. Muy buena tu reflexión, en tanto la extraes de tu propia experiencia de vida, tu condición de músico y tú interaccion con otras formas de vida y pensamiento a través del arte. Sería bueno divulgarlo, porque es muy esclarecedor sobre el entendimiento sobre el concepto de cultura, incluso, hasta en los más en encopetados hombres públicos y en general gente del común. Abrazo y felicitaciones.

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